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La Paz–Bolivia, 30 Marzo 2009 Amado y Venerado Hermano, querida Hermana Nathalie:
Cuando leí su carta de solidaridad por la transición de mi mamá, agradecí profundamente el haberla recibido, pero con sinceridad digo que no la asimilé en su real contenido, estaba sumida en el dolor y culpa abrumadora por no haber viajado a ver a mis queridos padres cuando me enviaron pasajes.
Como les había participado, el jueves pasado, 26 de Marzo de 2009, tuvimos una misa recordando los 7 días del tránsito de mi mamá, celebrada en la Iglesia de los Carmelitas.
Esta es una Orden que conozco desde niña; cuando se instauró en mi ciudad natal, mis padres frecuentaban su iglesia, se hicieron muy amigos del director, Padre Ángel, un cura español muy alto, de mirada y acciones bondadosas, tan cercanos éramos que él fue padrino de bautizo de mi hermano menor y le regaló un niño Jesús. Recuerdo claramente que papá me contaba que mientras los recién casados entre sus amistades buscaban muebles, etc., lo primero que adquirieron ellos para su nuevo hogar, fue un grande y hermoso cuadro del Corazón de Jesús; crecí presenciando la importancia de Jesús en nuestro hogar, papá rezaba en silencio todos los días antes de irse al trabajo y mantenía con pulcritud el cuadro, mientras mamá se ocupaba que no faltasen flores frescas: perfumados nardos o fresias generalmente.
Padre Félix fue el encargado de oficiar la misa dedicada al espíritu de mi mamá, donde cantó Alicia Salazar, la señora que interpretó las canciones de la Hermana Pepita en la inolvidable y primera Ceremonia de Consagración del Ara Septriónica aquí en La Paz.
Al comenzar la misa me sorprendí porque todo lo que yo veía lucía como cubierto con un velo, inclusive recuerdo claramente que recorrí todo el altar con la mirada y seguía viéndolo así. Mi extraordinaria experiencia sucedió en un momento en el que Padre Félix pidió que nos pusiéramos de pie: mi añorada mamá estaba parada tan cerca de mí que extendí la mano para poder agarrarla, sentía que su presencia abarcaba todo, estaba en el aire y en todo lugar, en toda la iglesia, la podía "respirar", quise mantenerme, quedarme en ese momento, no lo logré. También tuve la inmensa alegría de ver a don Jorgito Harb, a Nicola, a su esposa Elizabeth, a Alejandro Moretti, a Leoncio Chu, a mi amadísima Hermana Pepita y a ustedes queridos Hermanos.
Continuó el servicio, no tuve la capacidad de racionalizar en ese momento lo que había experimentado, las lágrimas corrían por mis mejillas.
En otro momento, esta vez cuando estaba sentada, volvió a repetirse la experiencia, veo a mamá con un vestido largo de fondo blanco y florecitas celestes igual a la primera vez, en compañía de la Hermana Pepita que de alguna forma parecía que la sostenía para que pudiera estar de pie, también estaban presentes usted Hermano y Hermana Nathalie, don Jorgito Harb, Nicola, Elizabeth, Alejandro, Leoncio Chu; mamá me miraba con expresión amorosa y serena. Corrían mis lágrimas, lágrimas de inmensa felicidad, comprendí que ella estaba viva, no había muerto, continuaba viva para seguir aprendiendo y enseñando, como siempre lo había hecho.
Concluyó el bellísimo servicio con los abrazos, simpatía y condolencias de nuestros amigos, así ellos me lo hicieron saber.
Al regresar a casa ingresé a la habitación destinada a hacer nuestra meditaciones de los Martes, tenemos el Ara colocada en el centro, en la base circular de la misma está encendido el cirio como recordatorio dedicado a mamá; me senté y comencé a revivir lo que había sucedido en la iglesia, y… oh sorpresa! había recuperado mis fuerzas, adquirido una paz que no la sentía hacía mucho tiempo, hasta veía la vida de diferente manera, literalmente veía mi vida como un camino abierto, con árboles a lo largo del camino, altos, verdes, hermosos, con mucha luz, un bellísimo cielo azul y algunas nubes blancas pequeñas. El dolor sigue presente, pero tengo paz y aceptación de lo sucedido y lo que es más, la certeza de que mamá empieza una nueva vida con todo el conocimiento adquirido, el esfuerzo desplegado y la voluntad de ser siempre mejor.
Dejo constancia de mi gratitud a mis amadas hijas que hicieron posible que de alguna manera pudiera participar de esos momentos tan significantes, aunque llenos de dolor y me sienta cerca de mi querido papá y hermano. También agradezco profundamente a mi amado esposo que con su total apoyo -silencioso- comprensión y paciencia me ayudó a que supere estos momentos en los que me sentí la peor hija del mundo, con frecuencia repite que nuestra vida es insólita y que debemos ser de los pocos padres que salieron de su hogar pues lo normal es que lo hagan los hijos.
Les relató también lo sucedido la noche del 19 de Marzo, primera noche después del paso de mamá, ya habíamos ofrecido un cirio para su espíritu y al llegar la 1:00 a.m. lo apagamos y nos fuimos a descansar. Estaba profundamente dormida y de repente despierto con una sensación de frío intenso como una ráfaga helada que nunca antes había experimentado, me venció el sueño y me volví a dormir. No sé cuanto tiempo pasó, volví a despertar con la misma sensación de frío extremo, esta vez con claridad meridiana supe que era mi mamá, desde ese momento comencé a hablarle con mucho amor y traté de explicarle de que ya no estaba en su cuerpo, que su cuerpo era como un vestido que ya no le servía, que el cuerpo era temporal pero que el espíritu era eterno, de día y de noche no me cansaba de repetirle esto. No volvimos a apagar el cirio, todavía continúa encendido y seguirá así por un tiempo. No volví a tener esa sensación de frío.
Amados Hermanos, agradezco de corazón esta vivencia, que será por siempre el recordatorio, no solamente de sus hermosas palabras sino del preludio de una experiencia inolvidable que por la Gracia del Padre y las plegarias suyas experimenté:
"Imploramos para ti el consuelo emocional que tanto necesitas, que tal vez sólo la presencia espiritual de tu madre te puede dar. Por eso solicitamos al Padre que percibas su presencia, que encuentres tu paz y la fortaleza para seguir adelante sin desesperarte.
Rogamos al Padre que acoja a vuestra amada madre en su seno de paz; pedimos a nuestra venerable hermana Pepita que la acoja con su ternura y todo su cariño en la Estancia Transhabitual."
Malunma, Jeannette
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