| Tolerancia, Temperancia e intemperancia |
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| Escrito por Shikry Gama |
| Jueves 18 de Junio de 2009 09:53 |
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1.- Tolerancia es el atributo y la disposición del espíritu para comprender y ajustar sus criterios con las creencias del prójimo en cuanto constituyen diferentes aspectos de una realidad que contribuye a esclarecer y resolver las diferentes circunstancias de la convivencia con nuestros semejantes. Implica respeto al derecho de disensión que todo ser humano tiene 1.1.- En el accionar del ser humano debe reflejarse las leyes de la naturaleza. La Rigidez es fragilidad. Se ha comprobado que una actitud es más fuerte cuanto más flexible y elástica es. Sólo la elasticidad y la flexibilidad potencian la tolerancia del espíritu humano. 1.2.- La compasión por el infortunio ajeno frecuentemente obnubila el entendimiento de lo que es o no tolerable. Tenemos el hábito de solidarizarnos con los errores y confusiones emocionales de terceros sin prever hasta dónde la tolerancia debe soportar con indulgencia las necesidades ajenas y las diferencias conductuales de quienes tienen costumbres diferentes a las nuestras. 2.- No prever la disensión de quienes tienen hábitos y costumbres diferentes conduce a los conflictos vivenciales. Una tolerancia mal conceptuada distorsiona nuestro razonamiento. Es imperioso concertar y ajustar los deberes y derechos de toda relación contractual. Si deseamos evitar indeseados conflictos emocionales, es indispensable prever la disensión y el disentimiento de quienes irreflexivamente se involucran y asocian en alguna relación ilícita. 2.1.- Para entender estas contingencias, viene a mi memoria la vivencia del conductor de un vehículo en marcha, cuyo mecanismo del sistema de dirección no está bien ajustado. Cualquier declive del terreno por donde transite el vehículo puede jalar el timón hacia algún lado peligroso; y si no tenemos la habilidad y la experiencia necesarias para contrarrestar en sentido opuesto al timón; si no reaccionamos con rapidez, el vehículo perderá el control y terminará fuera del camino. Si por distraídos no previmos este riesgo, estaremos expuestos a accidentes fatales. 2.2.- Ciertamente, somos muchísimos los humanos que carecemos del control de nuestras reacciones emocionales. La experiencia de los que nos antecedieron en estos lances del camino, nos enseña que hay que conducir los vehículos con permanente atención y vigilancia. Quienes continuamente están expuestos a estas incertidumbres de las carreteras, han desarrollado actitudes psíquicas que capacitan su sistema sensorial para conducir en estados de alerta, para reaccionar automáticamente con un tirón del timón de uno a otro lado, para mantener la línea correcta de la dirección. 2.3.- Esta analogía es exactamente lo que los seres humanos deberíamos ejercitar al reaccionar emocionalmente en las relaciones con nuestros semejantes. No solemos tomar consciencia en qué momento una actitud que nos parece correcta, repentinamente, deviene en incorrecta y provoca -en nuestros semejantes- pertinaces reacciones que originan conflictos con aquellos a quienes quisimos ayudar. 3.- Cuando dos adversarios se enfrentan en alguna disputa, es normal que ambos recurran a actitudes disimuladas para confundir a su adversario. En ese contexto de las interrelaciones sociales es de necios suponer que alguien que tiene una confrontación de intereses revele con sinceridad sus intenciones, porque si lo hiciera, su adversario sacará ventajas de su ingenuidad. 3.1.- Exactamente igual sucede en las relaciones entre personas que tienen contradictorios intereses en la lucha contra la criminalidad, el narcotráfico y el terrorismo o que tienen antagonismo de intereses ideo-políticos, económicos y sociales para resolver la problemática migratoria de sus gentes. Por eso, para prever los riesgos que estas discordias vienen produciendo, es indispensable que los gobernantes y ejecutivos sepan ejercitar la temperancia para no incurrir en la funesta intemperancia que agravará más las disidencias y antagonismos. 4.- La temperancia es una actitud que implica en sí misma la cordura, la templanza y la moderación. Cordura en el ejercicio de la prudencia y el juicio sensato para reflexionar con circunspección y madurez antes de asumir decisiones intransigentes. Templanza en el discernimiento de los impulsos emocionales y el control de la propensión natural del ser humano a dejarse llevar de los afectos de compasión y de sensibilidad por los infortunios ajenos. Moderación para controlar y prever el desborde emocional de las adversidades humanas. 4.1.- El ejercicio correcto de la temperancia encierra la práctica de muchas cualidades y virtudes. Nunca sea indiferente ni pusilánime ante las faltas graves de las personas que aprecias; si no las censuras y corriges oportunamente, estás condenándote a sufrir el atropello de tus derechos. Por principio natural los mismos privilegios que tiene la familia en su hogar, deben tenerlo los ciudadanos en su patria. En la problemática migratoria debemos cuidar que la jurisprudencia resuelva con previsión la estabilidad y las reglas de la seguridad social. A los migrantes y a los refugiados políticos no debe concedérseles más privilegios que los que se conceden a los conciudadanos. Sólo quienes cumplen con sus deberes cívicos tienen derecho de integrarse a los privilegios del Estado. 5.- Quienes creen que los ricos son los únicos culpables de la pobreza de los pobres hicieron de la “necesidad” una engañosa ficción de derecho adquirido de los pobres, atribuyendo a los ricos y por extensión a todos los pueblos desarrollados el deber de resolver sus necesidades. 5.1.- La generosidad es una espontánea virtud humana, pero nadie está obligado a ser virtuoso. Los carenciados se empecinan en atribuir al egoísmo de los ricos las causas de sus tribulaciones. El que busca encuentra, pero los negligentes evaden la obligación de estudiar para capacitarse en la diversidad de oportunidades laborales que la vida ofrece. Se aferran a falsos razonamientos para justificar sus negligencias. Muchos incurren en el error de no planificar el número de hijos que deberían tener para garantizar una existencia digna de vivir en familia. Ya es tiempo que se comprenda que no es ético ni correcto pretender que el prójimo resuelva las irresponsabilidades de quienes procrean hijos sin prever la calidad de vida que pueden ofrecer a su familia. 6.- La intemperancia es esa actitud ofuscada que anuncia imprevisión, inexperiencia, desconocimiento e insensatez en las decisiones y acciones que asumimos. La intemperancia manifiesta incapacidad para precaver las alteraciones que sus decisiones y acciones desencadenarán en las relaciones sociales. La intemperancia revela la ausencia de una consciencia trascendental que prevea las consecuencias que sus resoluciones provocarán entre quienes interactúan con él. Demuestra carencia de prudencia y discreción para conocer con anticipación las consecuencias de lo que cada palabra, gesto o decisión, inevitablemente producirá en la relación con sus semejantes. 6.1.- Ciertamente, la intemperancia es consecuencia de la ofuscación emocional, defectos sensoriales, falta de sobriedad mental, de moderación, de conocimientos o exceso de confianza de quienes creemos poder lograr todo cuando queramos hacer por el sólo hecho de desearlo, pero, casi siempre es una actitud imprevisora que no prevé las consecuencias de lo que puede pasar y termina complicándonos la vida. 6.2.- La tolerancia permisiva de padres y educadores ha confundido el entendimiento sobrepasando los límites de lo que se debe tolerar. En los acontecimientos de la vida diaria podemos verificar cómo los padres irresponsablemente evitan censurar las incorrecciones y groserías de sus hijos y cómo los docentes, por temor al enjuiciamiento de los padres, se abstienen de censurar y corregir la indisciplina de los educandos. Así es como se vino inculcando en el vulgo la idea de que tienen el derecho de atropellar los derechos de sus semejantes. Es obligatorio que todo ser viviente entienda que sus derechos terminan donde empieza el derecho de sus semejantes. Es necesaria la censura y el repudio para que las personas groseras y de mal gusto no crean que se le esté concediendo el derecho de actuar incorrectamente. Solo enseñando a diferenciar y segregar las conductas repudiables de las admirables, el ser humano aprenderá a desarrollar una consciencia crítica que le permita corregir sus actitudes antisociales hasta convertirse en seres sociables. Meditemos hermanos, meditemos para que la Luz del Padre nos ilumine y nos haga comprender el imperio del orden que puede lograrse con la práctica de la prudencia y la temperancia; y pidámosle al Padre para que nuestros dirigentes, nuestros servidores, nuestros seguidores, descubran esta verdad y puedan utilizarla en la vida cotidiana para evitar las complicaciones que por exceso de confianza normalmente terminamos provocando.
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| Última actualización el Miércoles 24 de Junio de 2009 19:27 |





