
Shikry Gama nació como Claudio Cedeño, en 1936, en Iquitos y el seno de una familia de ascendencia española. Su padre Don Jorge Cedeño, fue de origen colombiano y su madre Doña Ángela Araujo, fue peruana. Debido al conflicto fronterizo surgido entre Perú y Colombia, por la zona de Leticia, su madre se vio en la necesidad de encomendarle a Doña Alfonsa -su abuela materna- y a exigencia de ésta, su crianza y educación. Por este motivo, es separado de sus padres y hermanos a los 2 y medio años de edad.
Esto condujo al hecho de que él, desde muy niño, fuera introvertido y comenzara a pensar referente a las cosas que le sucedieron. Descubrió amigos espirituales que lo acompañaron siempre. Sus contactos fueron las personificaciones de estos principios universales (la Trimurti) y de otros seres astrales. Así se le enseñó a meditar. Desde niño siempre fue muy serio y callado y siempre tenía amigos que tenían más edad que él, entre ellos algunos ancianos de la ciudad, que le hablaban sobre la vida. Los adultos alrededor de él notaban que cuando le preguntaban algo, sus opiniones eran muy acertadas, y empezaban a consultarle para tomar decisiones. Su tío José, que conocía sus características, y que frecuentaba un grupo espiritista, le dijo, cuando Claudio tenía cuatro o cinco años, que le habían dado la orden de llevarlo a estas sesiones en la selva, que siempre terminaban después de la media noche. Por la recompensa de la rica comida que le daba después, el pequeño aguantaba hasta el final.
En un momento dado, se volvió claro que la Trimurti quería más de él, que solo asistirlo y protegerlo. Empezaban a explicarle que no había nacido al azar y que había aceptado una misión mucho antes de nacer, para servirles. Para esto no debía leer libros, ni ir a estudiar, para no ser influenciados por las distorsiones de la cultura existente. Aprendió a conocer su manifestación espiritual original, que se llamaba Shikry Gama. Shikry Gama había aceptado esta misión mucho antes de su nacimiento y es servidor de Shiva.
No estaba en los planes de Claudio aceptar esta misión, él quería ser parte de la Fuerza Área. La Trimurti le hizo saber que no había venido para satisfacerse a sí mismo, y que tenía que cumplir su misión. Claudio pensaba que a pesar de las advertencias, y de saber frente a quienes estaba, podía hacer lo que él quería. Cuando finalmente quiso entrar a la Fuerza Aérea, resultó que no lo aceptaban porque en los años anteriores, temporalmente, había sido líder de la Juventud Aprista, hasta que descubrió los verdaderos motivos -con los cuales no estaba de acuerdo- de los que lo habían seducido para esa labor, y terminó su militancia. Esto fue suficiente para la fuerza armada, para no aceptarlo. Así empezó la lucha entre Claudio y sus Guías Espirituales. Le habían advertido de que no iban a dejarle hacer lo que quería y ésta era una de sus primeras formas para mostrarle quiénes eran. Pero él no estaba convencido. En vano hizo muchos intentos para ‘liberarse de ellos’.
Así empezó a trabajar en una Compañía de Seguros, cuyo gerente lo quiso hacer estudiar en Suiza, para especializarlo en seguros y reaseguros, lo cual se truncó porque la empresa fue vendida a los italianos, por sus propietarios, y Claudio no pudo más que despedirse, por solidaridad con su gerente.
Intentó de todo para no estar en contacto con la Trimurti. De día podía evitar el contacto directo haciendo otras cosas; pero si cerraba los ojos, de inmediato se encontraba en el medio de las luchas espirituales (que tenían las Entidades de Luz contra las de tinieblas). Para evitar estas vivencias, lo mejor era dormir lo menos posible. Así fue que empezaba a caminar todas las noches ida y vuelta por la larga avenida del Paseo de la República -importante vía en esa época- que cruzaba la Lima, que por entonces era hermosa y tranquila.
Siempre había sido muy crítico sobre lo que percibía; crítico acerca de las religiones, la política, la sociedad, etc. y no entendía cómo la gente convivía de esta manera y cometían tantas faltas. Él creía que las personas cometían errores a sabiendas de las consecuencias, pero la Trimurti le hizo entender que eso no era cierto y que necesitaban que alguien les explicara.
Por desesperación, para no tener que enfrentarse con su destino, trató incluso un tiempo de hacer amistad con un grupo de bebedores, esperando que la Trimurti así lo descalificara. Pero por su asombro, sea lo que fuere que bebiera, no le hacía ningún efecto.
El último trabajo que hizo, antes de aceptar su misión, fue en Iquitos, para otro tío suyo que negociaba en telas y otros bienes. Tenía que cobrar las deudas de los compradores que vivían en los ríos. Cuando tenía que cobrar una suma grande a un deudor en el pueblo de Ramon Castilla, fue testigo desde la embarcación que estaba a punto de atracar en la orilla, cómo el río Amazonas desbarrancó medio pueblo y él tuvo que regresar con las manos vacías.
Esto fue para él suficiente y decidió rendirse y aceptar concertar con ellos. Para este fin, buscó un lugar alejado en la selva, donde encontró una familia que le dio alojamiento y para quienes como pago pescaba todos los días un saltón, un pez muy grande que era muy difícil de pescar, pero que daba buenos ingresos.
Aquí permaneció nueve meses. Pescaba en la madrugada y a continuación debatía todo el día con las Entidades de la Trimurti sobre todo lo que le querían transmitir. Era escéptico, por lo que se les hacía muy difícil de convencerlo. Les planteaba que debían convencerlo si querían que él cumpliera con su misión. En este tiempo tuvo muchas vivencias espirituales y le mostraron muchas realidades del mundo espiritual. Necesitaba años para encontrar las palabras para describir algunas de estas ideas, para hacerles entendibles. En algunos casos los avances científicos le ayudaron a explicar lo que antes hubiera sido imposible, pero aún así necesitaba crear muchas palabras nuevas.
Le dejaban entender cuál es la constitución de lo Divino (Lo Dios), cómo crea, cómo se originaban los sistemas solares y los planetas, cómo se originó la vida en la tierra, cómo funciona la encarnación y reencarnación, y todo lo que el hombre necesita para salir de la ignorancia. Incluso le mostraron sucesos del pasado y del futuro de los tiempos.
A pesar de todas las cosas que vivió, que para la mayoría es increíble, no usó esas vivencias para convencer a nadie para seguirlo. Habló del mundo espiritual, pero no era la causa principal para fundar la Orden Mística. Fue un hombre muy humilde. Lo único que siempre hizo fue mostrar interés por sus semejantes, independiente de sus creencias, raza o condición social. Su objetivo más grande fue hacer del hombre responsable por si mismo ante sus semejantes y Dios. No importaba de quién obtuvo la información, sino que la información debiera convencer por sí solo y ser útil a la humanidad.
Conoció a diversos enviados espirituales que a través de los siglos cumplieron una misión en el planeta, cuyas existencias originaron las diferentes religiones. Un tiempo pensó servir al cristianismo, pero entendió que no era ético adherirse a una agrupación, para luego introducir cambios.
Después de nueve meses de percepciones y haber debatido con las Entidades, ellos le pudieron dar suficientes pruebas de ser realmente quienes decían, por lo que aceptó la misión.
La doctrina que debía transmitir no tenía nada que ver con el espiritismo a cuyas sesiones había asistido en su juventud. Las enseñanzas Septriónicas promueven la causublimación del ser, algo que no se puede hacer con intermediarios, porque es un camino místico, personal, que se basa en el conocimiento de las Leyes de la Causalidad para lograr el control de nuestros instintos.
Una de las consignas de las Entidades de la Trimurti fue que la mujer debía tener más dignidad espiritual y que su misión debía cumplirse en pareja. Para lograr esto se le contactó con la madre fallecida de su futura pareja para encontrarla.
A continuación hizo un tiempo de peregrinaje, en el cual solo podía usar la ropa que tenía puesta y no podía tocar dinero. Se fue de pueblo en pueblo, de ciudad a ciudad. Por intermedio de la Masonería empezó a transmitir sus ideas en diferentes ciudades y pueblos (Perú, Bolivia, Brasil y Colombia). A cada casa a la que llegaba, ofrecía sus servicios y ayuda a cambio de comida. Así viajó a diferentes lugares, hasta que llegó a Colombia, a Bogotá, donde una amiga lo llevó a ver a una mujer vidente, que ayudaba a la gente. Cuando vio a una mujer de cincuenta años, llamada Placidia Josefa Gónzales Guizado, supo que había encontrado a la mujer con la que tenía que seguir su vida, a sus 24 años.
Él todavía seguía viajando entre Perú y Colombia, hasta que las Entidades le advirtieron que la vida de esa mujer corría peligro. Rápidamente viajó a Colombia, donde la encontró con un mal estado de salud. Él reclamó a las Entidades de la Septimia que no la habían cuidado bien y cuando dijo esto, le provocaron un paro cardíaco. No sabía cómo hacerle regresar a la vida, trató de reanimarla, pero nada funcionó. Entonces fue a consultar con la Trimurti y ellos dijeron que debía disculparse con la Septimia, luego de lo cual la revivieron para vivir 27 años más.
En 1962, él decide casarse con ella y sacarla de Bogotá. Al inicio, ella no quiso saber nada de esto, porque ella era 30 años mayor que él, pero él la convenció. Se fueron a la iglesia, él solo tenía unos centavos en el bolsillo y solicitaron ser casados allí. El sacerdote a cargo se negó de hacerlo; pero Claudio le convenció con el argumento que de que si no los casaba, se la tenía que llevar sin casar, y que si alguien la juzgara por eso, sería culpa del sacerdote por no haberlos casado.
La hermana Pepita pidió a la Trimurti si le podían liberar a su esposo del voto de no tocar dinero y que le permitieran cambiarse de ropa. Aceptaron.
El primer tiempo vivieron en Colombia, en donde ayudaron a mucha gente y después de unos años prepararon una balsa en la que lentamente navegaron por el río Amazonas, parando de pueblo en pueblo, ayudando a la gente en el camino, hasta llegar a Iquitos, en Perú, para seguir la misión allá. En Iquitos, en 1968, iniciaron la Orden Mística y en 1971 fundaron el primer Centro Cultural, en la calle Tacna, en la que trataban los asuntos actuales de Iquitos, escuchando a todo el pueblo.
Su primer discípulo fue su tío José Pelayo Araujo (Pepe). Se inició en una ceremonia mística, que en ese tiempo todavía lo hacían en la selva. Las Entidades presentes en estas ceremonias se manifestaban siempre de una u otra forma. Mientras llovía como a cantaros exactamente alrededor del lugar en donde se hacia el ritual, los asistentes se mantenían secos.
En esos años les visitaban muchos científicos de diferentes países y del Perú mismo, para debatir sobre diferentes conocimientos. Llegaban sacerdotes cristianos, masones, cristianos en general, médicos, ingenieros, abogaos, odontólogos, estudiantes y ciudadanos de distintos niveles sociales. El hermano Claudio llevaba disertando 4 años seguidos, con 18 horas por días, incluyendo los sábados y domingos. En esos tiempos no existían los medios para grabar, y nada de esas reuniones fue anotado. Toda esta valiosa información se quedó atrás en el tiempo.
En septiembre del año 1968, fundó el ‘Brahamasterio’ en Iquitos. Construyeron el primer templo Septriónico, un Colegio que lo llamaban Inka Manko Kali y ejecutaron proyectos económicos para promover el progreso de los que menos tenían, haciendo empresa en sociedad o de la forma que se podía. El hermano Claudio en ese entonces era miembro de la Cámara de Comercio de Iquitos y allí también se ocupó en tratar de enseñar a los empresarios a ser más altruistas. Recibían y protegían estudiantes que de alguna forma no tenían medios para regresar a su país y les daba trabajo, casa y comida, más enseñanzas personales que nunca más olvidarían.
Como parte de su amor por el hombre, enseñaba a los miembros técnicas de curación, ya que el mismo se ocupaba muchas horas para sanar, incluso a personas que habían sido desahuciadas por la medicina tradicional. Pero después de haberse dedicado años a la sanación, se dio cuenta que las personas después de ser curados de un cáncer, a veces, se morían de un resfrío. Entonces decidió sanar solamente si el Espíritu Universal de la Salud le indicaba si podían tener más tiempo de vida.
Finalmente, después de todas sus experiencias en esta área, llega a la conclusión que era más importante sanar al espíritu o alma, que al cuerpo. Es natural enfermarse y morir, pero es más importante saber vivir con ello, que querer contrarrestarlo a toda costa. Es más importante contrarrestar el daño que podemos causar a nuestros espíritus, con nuestras actitudes erradas que tener un cuerpo enfermo. Un espíritu no está sujeto a la muerte; y si se trata de un espíritu enfermo, las consecuencias negativas afectarán incluso nuestras próximas vidas e impedirán nuestra evolución espiritual.
Desde esas fechas, hasta hoy, el Septrionismo se expandió desde Iquitos a Pucallpa, Contamana, Lima, Huánuco, Huancayo, Cuzco, Argentina, Bolivia, Estados Unidos, Holanda y España.
El 25 de Octubre de 1989, se produjo la transición espiritual de su primera esposa y luego de 3 años, el 14 de Febrero de 1992 contrajo segundas nupcias con Doña Nathalie Olga López y Zondervan, quién lo acompañó hasta sus últimos días. El hermano Claudio, a la edad de 74, desencarnó el 19 de marzo del año 2011. Su esposa se dedica a seguir la obra que dejó el hermano Claudio.
Fue místico, filósofo, misionero, sanador de cuerpos y almas; consejero espiritual, psicológico, económico, de relaciones humanas y de parejas. Asistió a todas las personas que se acercaron a la Institución, sin distingo de credos, razas, ni religiones; promovió la unión de la mística con la ciencia, las relaciones humanas y la cívica; promovió la unión de las religiones; promovió colegios y actividades económicas empresariales que beneficiaban a los carentes de economía. Fue ejemplo de todo lo que predicaba: esposo, hermano, amigo y guía espiritual.