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Inteligencia Social II
“Nunca nos arrepentiremos de haber callado, siempre lo haremos de lo que hablamos”, decía nuestra V:. Pepita.
Todos experimentamos situaciones en las que imprudentemente expresamos una opinión equivocada, de la que tardíamente nos arrepentimos sin poder evitar las reacciones que no supimos prever.
Las relaciones humanas son siempre más complicadas de lo que quisiéramos que sean. Cada circunstancia de vida es un reto a nuestras habilidades. Cuando nuestra pareja ejerce algún alto cargo social, tenemos que saber separar, distinguir, discriminar cómo conviene comportarnos para no socavar la autoridad de nuestra pareja, para no hacerle quedar mal o para no caer en el ridículo de las infidencias.

Hay cosas que se pueden hablar en la vida privada, pero no en las relaciones sociales. Los temas que se tratan en la confidencialidad de la vida privada no deben expresarse en público, porque pueden alterar el respeto, el prestigio o la credibilidad de quien resulte involucrado.

Es difícil separar las actitudes que tenemos en la intimidadde nuestras vidas, de las que debemos exteriorizar en la vida pública. Por eso es importante tener el hábito de la discreción y de la prudencia.
El Hermano Claudio, en la intimidad de su conducta diaria, se comporta con la misma discreción y prudencia que en la vida pública. Como dice, “hay que ser luz en la casa y en la calle, y no como aquellos que son luz en la calle y oscuridad en la casa, o viceversa”.

Shikry Gama nos enseña a comprender que nuestras actitudes se manifiestan en diferentes escenarios vivenciales del teatro de la vida. Unas vivencias se protagonizan en la interactividad social y otras en la intimidad afectiva. La una se desarrolla en las posturas de la actividad social y la otra en las posturas de la actividad psico-afectiva, según cada situación y según sean las funciones que cumplimos en la vida diaria.

Y nos explica que cada escenario tiene un contexto diferente de reglas de comportamiento. Que se necesita desarrollar la inteligencia social, para conocer y practicar las normas y reglas del orden y armonía social que cada situación reclama.
Que hay que saber variar las actitudes, según la necesidad de cada escenario. Los tres escenarios psíquicos que él personifica en su vida son: el del hermano de todos, el del Consejero y el del Director de la Sagrada Orden Mística.

Lo admirable es que sabe controlar el “switch” para cada situación, según cada necesidad. Cuando hablamos con el hermano y el consejero, podemos hablar con desempacho, hacer bromas y reírnos, lo cual no se puede hacer con el Director de la Orden Mística, porque con él Director sólo se habla de temas muy trascendentes y sólo nos atiende en su despacho o en un escenario de recogimiento.

Si tuviera opiniones personales que no vienen al caso o pudieran tener un efecto negativo en las personas que le rodean, nunca los expresaría.

Shikry Gama nos propone que necesitamos tener el don de la controlaridad, porque dice: “la emocionalidad nos hace reaccionar con vehemencia e impulsividad y exteriorizamos nuestras simpatías o antipatías sin reflexionar ni prever las consecuencias de nuestras opiniones y actitudes, y cometemos desatinos, imprudencias y ofensas, que inevitablemente producirán toda clase de tribulaciones.”

“Debemos controlar lo que deseamos decir, para sólo decir lo que debemos y no lo contrario. Porque quienes no tienen control, hablan cuando debían callar y callan cuando debían hablar”.

Estos son a mi entender, “los escenarios” o “el entorno” a lo que Shikry Gama se refiere en la lucidación del Don de la Controlaridad por donde nos desplazamos en el “viaje de nuestra existencia corporal”.

Cuando me casé con el hermano, una de las primeras cosas que me enseñó fue aprender a diferenciar estas situaciones, porque para nosotros, hay un escenario más, que es la de la convivencia como esposos. Confieso que hasta ahora me es muy difícil comportarme como quisiera, porque las actitudes negativas no se dominan por sólo desearlo.

Una de las cualidades más difíciles de practicar correctamente es la sinceridad, porque cuando no sabemos distinguir cuándo podemos y cuando no podemos, especialmente cuando caemos en el error de ser “perfeccionistas inflexibles”, Shikry Gama nos advierte que la sinceridad se convertirá en la “madre de la ingenuidad, la indiscreción, de la imprudencia, de la insensatez, de la impertinencia y de la imprevisión”.

Hermanas y hermanos, meditemos para aprender a discernir y diferenciar las acciones privadas, separándolas de las acciones públicas para no incurrir, como muchos suelen hacerlo, en acciones torpes e imprudentes.

Autora: Nathalie de Holanda    
 
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