| Histeria |
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Esa noche estábamos reunidos -con los hermanos- haciendo guardia protegiendo el ingreso a la comunidad Lorenia. A pesar de la presencia de aquellos que pretenden quitarnos el terreno en cuestión por la vía “supuestamente” legal, reinaba mucha tranquilidad. Habíamos soltado a todos los canes: dos perros, Toby y Zig, una perra, Zag, de raza dobberman y un perro chusco, Rayo. Toby, el más grande de todos, era el líder. Por alguna razón que desconocíamos, Zag, la perra, estaba gimiendo extrañamente. Mientras conversamos sobre la cremación, sobre cómo prepararnos para la transición espiritual, de repente Toby empezó a pelear con Rayo. Zag, la perra, estaba empezando su celo, y el olor de las feronómas excitó a Rayo. El instinto de supervivencia afloró salvajemente en Toby, quien reaccionó fieramente defendiendo su liderazgo. La pelea era feroz, Toby mordía el cuello de Rayo como si tuviera tenazas y lo jaloneaba con intención de asfixiarlo para matarlo. Tenía ya información que, con anterioridad, Toby hizo lo mismo con Tirifilo, otro perro que murió intentando desconocer su superioridad, pero nunca lo había visto como esta noche. Era desesperante ver lo tan agresivo, mordiendo fieramente a Rayo y escuchar los gemidos suplicantes, sin poder defenderse de Toby. Yo gritaba ¡Toby suéltalo!, lo más fuerte que podía, pero no escuchaba. Sentí dentro de mí una incontrolable ofuscación emocional. Con voz alterada repetía una y otra vez: ¡lo va matar, lo va matar!. Intentaron separarlos pero fue inútil. Al ver que nadie podía salvar a Rayo, desesperada dije ¡ya no tengo ganas de ver esto, me voy!. Pero no toleraba escuchar los agónicos quejidos de Rayo, por lo que decidí regresar con un balde con agua para ver si mojándolos se soltaban. El hermano protestó por mi comportamiento, me advirtió: ¡están definiendo fuerza para determinar el liderazgo entre ellos! Pero no quise saber nada. La mojada no ayudó en nada. En un arrebato que hoy reconozco que fue histérico, gritaba a Toby y nada. Entonces el hermano, que sufre de hipertensión, vino y me cogió del brazo para sacarme de allí. Me decía en voz alta ¡Así me vas a matar! La preocupación por que me estaba metiendo entre los perros era tal, que le subió la presión hasta 230 con 120. Siempre me advierte que no debo meterme en situaciones de peligro, que debo cuidar mi integridad física, pero, enceguecida por la desesperación no hacía caso a sus peticiones. De emergencia tuvo que tomar doble dosis de enalapril y sin que me percatara de la situación, se recostó en la cama para bajar la presión. Mandé encerrar a Zig y a Zag aparte, para evitar que Toby también atacara a Zag. El Toby agotado por la pelea, se había echado a descansar frente a la entrada de la casa. En eso vino Cirilo -nuestro trabajador- y sin decir nada abrió la puerta del jardín interior, dejando salir a los perros guardados. Mi angustia llegó al paroxismo y cuentan que me escucharon gritar desesperadamente en todos los rincones de la comunidad. No recuerdo que más cosas pasaron. Solo sé que gritaba histéricamente reclamando a Cirilo y a los demás hermanos que protegieran a los otros perros. Encerraron nuevamente a los perros. En eso escucho que el hermano se había levantado de la cama y molesto me dijo que me había dejado invadir por la histeria y el temor a la muerte que no me dejaban pensar.¿Cuando vas a aprender a ver la muerte como algo natural? me dijo. ¡No debes dejarte alterar por estas cosas.! Me recordaba que en el mundo astral tiempo atrás me habían estado enseñando a no alterarme por lo que le pasa a los animales. A no dejar todo lo que estaba haciendo para dedicar mi atención a los animales. También me recordaba las escenas que vimos de las personas que solo viven para los animales y que cuidan el más mínimo detalle de sus animales, descuidando todo lo demás. ¿Por qué no quería ser testigo de la matanza entre animales? ¿Por qué tenía que ver con temor a la muerte…el temor a la muerte traumática con dolores? Asociaba todas las veces que tengo temor de chocarnos con los carros en el tráfico, de salir del carril, el temor de altura, el temor al dolor en los hospitales. Y siempre el Fundador me repetía que eso me pasaba por temor de morir. No siento temor por lo que pasa después de la muerte, sino por el momento en cómo se muere, si hay dolores, si es traumático. ¿Tendrá que ver el hecho que en mi vida anterior vi morir a mi pareja violentamente por pedradas? Los temores que mi madre siempre me inculcó desde niña, desde que a los dos años nació mi hermanito con la enfermedad de Von Willebrandt. Desde su nacimiento siempre estuvo en hospitales con enormes agujas clavadas en sus brazos. Mi madre tenía la angustia de que mi hermano se cayera o se golpeara porque ya no paraba de sangrar. Tuve que aprender a tener temor de hacerle caer y de no pelearme con él. Cuando nació mi hermanita, a mis 4 años, ya era muy temerosa de todo. Al parecer, yo la cuidaba como nadie, previendo cualquier riesgo de caída, les advertía a todas mis tías y tíos qué podía hacer mi hermanita y qué no, y cuando quería acercarse al canal frente a la casa de mi abuela, yo ya me adelantaba para que no se acercara. Recuerdo la vez que un hombre encontró mi hermano medio inconsciente en el tercer piso de un edificio, y lo trajo a la casa, llegó a con la cara hinchada cinco veces más grande de lo normal. Fue golpeado por unos jóvenes delincuentes, y pudo haber muerto allí. Yo me volví tan furiosa que fui a ver a estos jóvenes que le habían pegado para mostrarles mi enojo. Otro acto que no debí hacer, dado que si eran realmente peligrosos, me podían haber hecho algo malo. Recordaba la facilidad que tiene mi madre de entrar en un cuadro histérico, el temor exagerado que tiene cuando a alguien le pasa algo grave. Con los animales, ya estuve trabajando acostumbrándome a verlos morir, pero no en las fauces de un perro fuera de sí. Hermanos, quise compartir con ustedes estas experiencias porque necesito que me ayuden a superar esos temores que aún me impiden controlar mis reacciones emocionales. |