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Misión Educativa: Planificación Familiar
 
El objetivo misional de los Septriónicos es servir a Lo Dios, y a Lo Dios no lo podremos servir sin resolver los problemas básicos de alimentación, salud, trabajo y seguridad social de nuestros pueblos. Reconocimos que nuestro servicio a las mujeres y hombres debería consistir en la enseñanza de todos aquellos conocimientos que transformen la ignorancia en conocimientos positivos que los capaciten para superar la desigualdad social, la desocupación, el hambre y la pobreza. Si no ayudamos a resolver estos problemas socio-económicos del pueblo, no será posible lograr que los seres humanos puedan practicar los valores morales y éticos que nuestra sociedad necesita para superar la corrupción imperante. 

Es una justa aspiración que todo ser humano pueda practicar un ideario moral y ético en sus interrelaciones sociales, pero cuando hay un exceso demográfico, inevitablemente hay desocupación y la desocupación ocasiona el hambre, las enfermedades y toda clase de tribulaciones y adversidades. El humano acosado por la adversidad no tendrá más alternativa que reaccionar movido por el instinto de supervivencia, condicionado a depredar lo ajeno antes que morir de hambre. A violar las normas de urbanidad y civismo antes que sucumbir en la inacción. Por eso hemos dicho también que primero hay que resolverle los problemas económicos al pueblo, antes de exigirles una conducta basada en las normas de moral y de ética.

Hemos venido sosteniendo que la solución de la problemática socio-económica de los países subdesarrollados no depende sólo de las decisiones del Estado y de las leyes que ellos puedan instituir; sino que, depende trascendentalmente de la necesidad de asumir –la ciudadanía- una responsable planificación familiar que permita el control del crecimiento demográfico.
     
Los que estudien la problemática social de nuestros pueblos concluirán como nosotros, en el incuestionable diagnóstico que los problemas socio económicos de los pueblos subdesarrollados se deben a la -hasta ahora- incontrolable explosión demográfica. El septrionismo, como ninguna otra doctrina en el mundo ha contribuido a descubrir una etapa de indefinición embrionaria en el proceso de gestación del humano que nos permite inducir a la concienciación de la necesidad de cambios en las políticas de planificación familiar que minimicen la extrema pobreza del mundo.

No existe ningún ser viviente que no necesite alimentos, salud, educación y trabajo, para asumir un rol progresista en la sociedad en la que vive. Y cuando no hay trabajo no habrá suficiente alimento, y por lo mismo, no habrá la indispensable salud corporal, mental y social  que reprima los instintos de la agresividad y de criminalidad de los desfavorecidos. Es una perversa falacia hacer creer que los hijos vienen con el pan bajo el brazo.

Sólo las familias autosuficientes pueden asegurar la alimentación y demás necesidades de los suyos. No se debe tener más descendencia de la que se puede alimentar, vestir y educar. Si no nos hemos preparado para sostener económicamente a los hijos, ¿por y para qué traer a este mundo seres que vendrán desahuciados y sentenciados a padecer desnutrición, enfermedades, desocupación y adversidades? ¿Es que el sentido común no advierte a los irresponsables progenitores que todos aquellos que nacen y crecen carentes del vital recurso económico estarán expuestos a la ignorancia, a la delincuencia, al repudio y a la marginación social?

Si se desea erradicar la pobreza, hay que planificar el crecimiento demográfico de la nación y esto sólo es posible planificando el número de hijos por familia. Hay que regular la tasa de oferta y demanda laboral, previendo y ajustando la necesidad ocupacional, para no incrementar la desocupación.  Hay que emancipar a las madres de la agobiante tarea de gestar y amamantar hijos hasta marchitarse antes de tiempo, sin el justo esparcimiento y descanso del cuerpo y del alma. Toda mujer tiene el derecho de vivenciar las demás necesidades emocionales de la existencia femenina, tal como lo vivencian las mujeres de los pueblos desarrollados. Si todos los hijos  son amados por Lo Dios, ¿Por qué los hijos no deseados tienen que sufrir tantas injurias y tribulaciones? ¿Por qué los progenitores padecen tantos infortunios? Sólo los hijos deseados de mutuo acuerdo hacen dichosos a sus padres y a sus hijos. Los hijos no deseados son marginados y rechazados por el progenitor, quienes a más de ser víctimas de conflictos legales y morales son movidos al resentimiento social y al odio entre progenitores e hijos.  Entonces, conscientes de que todos estos indeseados problemas son consecuencia de hijos no deseados por los padres, la  solución es planificar responsablemente el número de miembros de la familia.

Los pueblos se agrupan en dos sectores diametralmente opuestos: los subdesarrollados y los desarrollados. Los pueblos subdesarrollados -que bordean el 70% de la población mundial- son pueblos indoctos, indiferentes y negligentes, que no han sido instruidos en las conveniencias de la planificación familiar, y por eso, como una consecuencia inevitable, procrean más hijos de los que debían, que nacen predestinados a la desocupación, al hambre, la insalubridad, a la pobreza, al atraso y a todas las contingencias adversas de la supervivencia. Los pueblos desarrollados -que no exceden del 30% de la población- están constituidos por gentes doctas e instruidas, que prevén con diligencia y perseverancia la planificación familiar y que programan el número de hijos que desean tener, la salud reproductiva, la educación y un mejor estándar de vida y prosperidad laboral y económica para todos los suyos. Lo más preocupante es que los subdesarrollados son pueblos sumisos sometidos a creencias dogmáticas que los condicionan a un cautiverio ideológico que les impide ejercer su libertad de albedrío, y que aún no son capaces de comprender la trascendental importancia que tiene la planificación familiar y el control de natalidad para la superación de la pobreza y de todas sus adversidades.

La mayoría de nuestras poblaciones amazónicas planifican el número y el sexo de los hijos varones y mujeres que desean procrear. El control demográfico les ha permitido sobrevivir a las inclemencias y adversidades del hostil medio ambiente selvático. Lamentablemente la carencia de una política progresista induce a los pueblos subdesarrollados a desdeñar el ejercicio del control demográfico de la familia.

Los desarrollados son pueblos que se instruyen y educan con conocimientos pragmáticos que les permitan resolver sus problemas de convivencia y prosperidad familiar. Ellos, generalmente, planifican no tener más de dos hijos por familia, y especialmente no procrear antes de haber resuelto los problemas de vivienda, alimentación, salubridad y seguridad laboral.

La voluntad de Eón, Lo Dios, se manifiesta más en las leyes y fenómenos de la naturaleza, que en las hipotéticas interpretaciones dogmáticas del intelecto humano. La revelación del origen ginándrico del ser humano, y el descubrimiento de las etapas del desarrollo embrionario, permiten comprobar que el alma no se posesiona plenamente en el momento de la fecundación, sino en un período posterior, por lo tanto, el cigoto embrionario no es aún un feto.

Esta revelación nos permitió comprender que el libre albedrío le fue concedido al ser humano con el incuestionable propósito de garantizar, entre otras cosas, la justa libertad para planificar el número de miembros que los padres desean para su familia. Este derecho de autodeterminación concedido por Lo Dios debe darse a conocer a todos lo seres humanos, sin distingos de razas, condición cultural o credos religiosos, y debe propagarse a través de nuestras escuelas a las mujeres y hombres, para que asuman el reto -por derecho y por deber- de superar los sentimientos compulsivos de apremio que los legisladores, jueces y autoridades religiosas hacen a los cónyuges, compeliéndoles a embarazos no deseados, por temor a las leyes terrenales y al supuesto castigo de Dios, sentenciándolos a sentimientos de culpa que han traumatizado a los creyentes de los últimos milenios.

Es el temor a estos perversos prejuicios que ha provocado la explosión demográfica de los pueblos subdesarrollados, sentenciándolos a la pobreza, la desocupación y la marginación de los derechos sociales que no pueden distribuirse con equidad porque no hay una sensata y responsable planificación poblacional.
 
“No existe forma más evidente para demostrar la presencia inmanente de lo Dios en el universo que a través de las ciencias analíticas porque, ciertamente, Lo Dios es Ciencia y la ciencia es la única que podrá develar los misterios aún desconocidos de su existencia” (S. G.)

Lamentablemente, existen dirigentes religiosos que perjurando en el nombre de sus dioses, perversamente han engañado a sus prosélitos, haciéndoles creer que la planificación familiar ofende a su Dios. Estamos convencidos que Lo Dios prefiere la misericordia antes que los sacrificios y castigos. Conscientes de la libertad que todo ser humano tiene para creer lo que quiera creer, respetamos sus creencias, pero estamos convencidos que nadie puede tomar el nombre de ningún dios para ser inmisericordes con su creación, porque no es justo sentenciar a inocentes, padecer sentimientos de compunción por aspirar a ejercer su inalienable derecho de libertad de albedrío para asumir la causalidad de sus decisiones.

Nos cabe la satisfacción de habernos anticipado a divulgar las revelaciones sobre el origen ginándrico del ser y el proceso de la definición sexual, antes que la ciencia pudiera verificarlo en la década de los 80. Efectivamente, desde la fundación anunciamos que no era cierto que primero fue creado el hombre y después a la mujer, sino que primero fue la mujer y después el hombre, y sostenemos que este proceso se reproduce sistemáticamente en todas las especies vivientes y en todas las épocas del tiempo. En el proceso de la gestación hay un período gonadal del embrión, en el que se determinará el sexo, es decir, es la fijación de un gen que evita que el embrión se desarrolle siempre como mujer. Ningún ser humano puede definirse como varón hasta que no se produzca la masculación, prodigio que sólo se producirá entre la sexta y la séptima semana de gestación.

No es cierto que Lo Dios ordenó traer a este mundo personas para sentenciarlas a la miseria y a la delincuencia. Por eso revelamos nuestras percepciones al mundo para que los científicos investigaran nuestra tesis. Tesis que ha sido ya comprobada científicamente por quienes en los campos de la ciencia médica han estudiado este proceso con la ayuda de toda la tecnología moderna.

La contemplación de este proceso de gestación nos permitió postular también la tesis de que el ser, es decir, el espíritu, no está completamente encarnado en el cigoto, sino a partir de los 35 días del período embrionario. Por esa razón, establecimos como una norma moral y ética que antes de los 35 días del proceso embrionario el alma no ha completado su posesión del embrión, por lo tanto, aún no es feto. Razonamientos que el mismísimo Dios-Ciencia nos reveló para que, en el ejercicio de nuestra autodeterminación y voluntariedad familiar, podamos decidir la planificación de los hijos que deseamos tener -y cuando lo creamos conveniente- decidir lo que no deseamos hacer ni tener, para garantizar una vida digna del ser humano para que gozara de todos los privilegios de la economía familiar.

Lo Dios (Eón de Inteligencia Eterna) concedió a todos los cónyuges la potestad del libre albedrío para ejercer el derecho de la autodeterminación, para facultarlos a planificar el número de miembros que desean para conformar su familia. Los dirigentes sociales, y muy especialmente los educadores, deben asumir el deber de propagar esta buena noticia del derecho ingénito de ejercer nuestra libertad de albedrío para la planificación de nuestras familias y para alcanzar la igualdad de posibilidades laborales y sociales enunciados en la declaración universal.
 
Es casi seguro que esta campaña nos enfrentará a las demás religiones. Una confrontación ideológica que ya no podemos postergarla más y que se hace necesaria enfrentarla para poder cumplir con nuestra misión. Ya no es tiempo de evadir el cumplimiento de nuestra misión. Creemos, y la historia nos lo está ya demostrando, que ha llegado el momento en que debemos predicar nuestras enseñanzas, debemos proponer, sin temor a las represalias del oscurantismo religioso, el libre ejercicio del control de natalidad. Enfrentando cualquier confrontación religiosa o política que pudiera oponerse al divino derecho del ejercicio del libre albedrío, asumiendo para sí, la causalidad de sus decisiones. El Estado sometido al poder religioso ha sido cómplice de la problemática social. Al parecer, ambos poderes -el político y el religioso- se han beneficiado manipulando la pobreza, la desocupación y la explosión demográfica, con promesas que nunca se cumplen, o con ficticias compensaciones celestiales, oponiéndose al incuestionable derecho de autodeterminación que los padres tienen para decidir el número de hijos que desean para sus familias.

Hermanos, en el nombre de nuestra Sagrada Orden Mística y nuestros amados Guías espirituales, invoco a los lucidores, para tomar consciencia de este deber, para cumplirlo como un reto misional, porque debemos cumplir la misión de liberar a los humanos de los sentimientos compulsivos que atemorizan a los millones de creyentes oprimidos, que creen que Lo Dios les prohibió la planificación familiar, sentenciándolos a vivir en condiciones infrahumanas.

Recomiendo a nuestros seguidores estudiar las lucidaciones publicadas sobre la planificación familiar y el control de la natalidad. Recomendamos que se instruya a los docentes y a través de ellos a los educandos en las escuelas. Que los servidores promuevan reuniones con las familias. Se instruya a las madres y a los padres sobre esta necesidad de asumir el deber de la planificación familiar. Que se elaboren boletines informativos con todo tipo de ilustraciones para que se reparta abiertamente a todos los que lo requieran, incluso a aquellos que no lo soliciten, pero que puede serles útil, es decir, necesitamos iniciar con agrelucidad esta cruzada, por que sólo con esta didáctica alterativa podremos contrarrestar la irresponsable explosión demográfica que el pérfido adoctrinamiento religioso promueve en muchas escuelas de nuestros paupérrimos pueblos.

Hermanos, al cumplir los 23 años de existencia Institucional, y asumida solidariamente nuestra misión espiritual y social, pido a ustedes lograr esta auténtica meta de servicio social. Servidores y seguidores, como un sólo pensamiento y una sola voluntad, trabajemos todos en este objetivo. Debemos preparar lucidores que vayan de casa en casa, de familia en familia, llevando la buena nueva de este derecho y deber de planificación familiar. Porque necesitamos corregir la injusticia social derivada de la descontrolada explosión demográfica. Ya lo estamos viendo, queremos servir en educación, salud y seguridad laboral, y no es posible; ni las instituciones privadas, ni el mismo Estado puede resolver las carencias porque el incremento poblacional supera las posibilidades de atención y financiamiento de estos servicios. Si esto sigue así, ¿Cómo podrá esta población -que no tendrá chance a la educación- capacitarse para hacer de la ciudadanía y de este país, un país de justicia social? Es totalmente imposible. Por eso, en el nombre de Eón de Inteligencia Eterna, de la Omnipotente Trimurti, de la Omnisapiente Septimia y de nuestros amados Guías de Ruta, encomiendo a ustedes la misión de enseñar a vuestros seres queridos, a vuestros docentes y educandos y a vuestras amistades de todos los credos, la necesidad de ejercitar el derecho del libre albedrío para asumir ante Lo Dios y ante las leyes terrenales el derecho de la autodeterminación, porque hemos comprendido que la elección y decisión  de qué es lo que podemos o no hacer con nuestros cuerpos es un inalienable derecho de todo ser que se siente un adulto responsable para asumir de mutuo propio, el control y la planificación de la familia que desea tener.

Invoco a la conciencia de aquellos que se solidaricen con este mensaje, especialmente aquellos que tienen responsabilidades en el campo de la educación y la salud reproductiva, que revisen nuestra tesis doctrinal y verán que tenemos tanto los fundamentos metafísicos obtenidos por revelación Divina, como las comprobaciones científicas de que los postulados  que proponemos son justos y correctos, y de que, si logramos inculcar en la sociedad esta planificación familiar, habremos contribuido para que haya menos pobreza, menos injusticia social y más oportunidades para alcanzar la armonía, el respeto y la confraternidad en el mundo en el que vivimos.

 
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